Alicia de la Campa, es ya una de las creadoras imprescindibles en el paisaje cultural de la isla. Si bien su manera de crear está unida sólidamente a la tradición y vanguardias cubanas, en una reciente entrevista para la revista Opus Habana ella ha expresado deudas con la cultura de sus padres: Mucha de mi sensibilidad hacia maneras de hacer arte, por ejemplo, mi predilección por el grafismo, por el dibujo en general, tal vez el estudio compositivo dentro del espacio a trabajar, responde a una estética, a una conexión con el arte de mis antepasados.
También grabadora e ilustradora activa para numerosas publicaciones culturales, De la Campa es una magnífica dibujante que prefiere el carboncillo, esta técnica y concepto lo aprendió durante su estancia en la Academia San Alejandro, localizada en la capital cubana desde el siglo XVIII. Alicia lo descubre en sus propias palabras: Aún cuando en el cuadro ya finalizado destaquen la atmósfera colorística y soluciones plásticas indiscutiblemente pictóricas —como las veladuras o los énfasis de la impronta por la mancha—, el eje central, su estructura intrínseca, descansa en el dibujo. Esa es la pieza maestra, mi herramienta imprescindible para comenzar.
A caballo sobre un dibujo preciosista, sugerente, Alicia da a luz numerosos lienzos donde representa mujeres, para las cuales frecuentemente usa su propio cuerpo como inspiración y modelo. Bajo el título general de "Habaneras", estos seres son máscaras de sí misma, de las preocupaciones y sueños propios de una cubana del siglo XXI. Definitivamente -explica- las mujeres que pinto o dibujo son como mi alter ego, formas que habitan mis sueños, mi mundo interior; símbolos de la vida, la belleza, el conocimiento...
La expresión autobiográfica de Alicia no es nueva en el arte cubano, es más bien una tónica compartida por otras creadoras como Magdalena Campos, Aimeé García, Marta María Pérez, Lidzie Alvisa, Sandra Ramos o Cirenaica Morera. Sin embargo, no encontraremos en sus lienzos una crónica evidente de la lucha cotidiana de las cubanas. Alicia recurre frecuentemente a escenas, poses, atuendos, o personajes extraídos del arte occidental, que encuentra en los libros de Historia del arte. De ahí que su pintura extienda puentes hacia la pintura europea del Barroco y el Rococó.
Sus mujeres son concebidas como diosas semidesnudas, ataviadas con complejos tocados donde se mezclan frutas, mariposas y aves, símbolos visuales que intentan compartir un sentimiento que está por revelarse. Son figuras sugerentes y sensuales, muchas veces ensimismadas en pensamientos ocultos, cuya concepción las aleja de un feminismo programático o reivindicativo.
Las mujeres de Alicia, cuyo antecedente en el arte cubano remite a las serie de Floras, creadas por René Portocarrero, o las Habaneras concebidas por Servando Cabrera Moreno, existen en una dimensión casi mítica, suspendidas en el tiempo, diosas del mar o de las nubes, y en estrecha relación con peces diversos o artefactos de vuelo aéreo. A veces, como ella expresa, representan la ciudad de La Habana: "Estas habaneras, como las mujeres que transitan por nuestra ciudad, exhalan cierto poder de seducción, un encanto misterioso que va más allá de la superficie pintada de la tela. Algo muy mío se trasmuta en mis habaneras; pienso que de algún modo me autorrepresento porque, como ellas, soy una fiel amante de esta ciudad.
En mi mundo infantil, no tenía idea de lo que significaba ser una artista, sólo sentía que todo mi ser me llevaba a ello, a hacer y recrear figuras con mis manos. Dibujaba en cualquier lugar, en cualquier soporte...
Allá, en Marianao, cerca del mar, en un rinconcito de su vivienda-taller, Alicia de la Campa Pak asume cada día el reto de llevar al lienzo las más disímiles imágenes de su micromundo. Muy próximo a ella ha colocado un espejo, el más fiel colaborador cuando se trata de representar su propio cuerpo, una constante en el quehacer artístico de esta pintora habanera durante el último decenio.Graduada de la Academia de San Alejandro en 1986, se licenció más tarde en artes plásticas en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona. A ambos sitios regresaría para ejercer la docencia, una práctica que mantuvo hasta el año 2003. Ante una figuración femenina hecha por una mujer, una siempre se pregunta si la artista toma como punto de partida una foto, un video... o si ella misma ha servido para tales propósitos. «Cuando tengo muy preciso lo que quiero expresar comienza el proceso de búsqueda de imágenes: pueden ser fotos de revistas, otras veces me apropio de la iconografía renacentista o de la particular expresión de una modelo de Vermeer, lo transformo todo de acuerdo a mi interés, pero por lo general parto de mí misma. Trabajo con la cercanía de un espejo colgado a la pared, por lo que tengo mi propia imagen siempre como referencia».Cuando se le conoce, se puede confirmar que Alicia tiene evidentemente ascendencia asiática. Sus abuelos maternos eran coreanos. Ella confiesa que en su pintura minuciosa y reveladora del gusto por el detalle, existen vínculos –al menos de manera inconsciente- con tales antecesores de aquella lejana región. Tal vez estén en sus genes, digo yo. «Lo que más me gustaba de niña era dibujar... En mi mundo infantil, no tenía idea de lo que significaba ser una artista, sólo sentía que todo mi ser me llevaba a ello, a hacer y recrear figuras con mis manos. Dibujaba en cualquier lugar, en cualquier soporte, con cualquier material; mi mayor goce era mirar láminas e ilustraciones de los libros, las reproducciones de los grandes maestros de la pintura. Pienso que desde ese momento empecé a madurar mi sensibilidad a través de la percepción y la observación. A los cinco o seis años mis padres me regalaron una hermosa caja que contenía 14 lápices de colores, todavía la recuerdo, como también recuerdo el especial olor de la madera de aquellos lápices...» Alicia tiene en su haber más de una decena de exposiciones personales en Cuba y México, así como un número mayor de colectivas, no sólo en espacios cubanos y mexicanos sino también norteamericanos. Obras suyas forman parte de colecciones privadas en España, Italia, Francia, Corea, Japón, Puerto Rico, México y Estados Unidos. Una de aquellas muestras individuales, incluso, llevó el sugestivo título de «La tiranía del cuerpo», que fuera expuesta en la galería Concha Ferrant, de Guanabacoa, en 1999. «El gusto por lo figurativo lo he tenido siempre. Durante mis años de estudiante mis asignaturas favoritas eran anatomía artística y dibujo; a través de ellas canalizaba mi deseo de conocimientos y expresión que pronto se concentró casi exclusivamente en la figura humana. En los comienzos sólo era algo genérico, el ser humano dando sentido y particularizando determinados ambientes; ya en etapas posteriores, como lógico resultado de un devenir creativo sumado a experiencias y vivencias personales, es cuando comienzo a situar la figura femenina como eje central de mi discurso. Sobre ella articulo toda (o casi toda) mi propuesta en sus diferentes vertientes expresivas: el dibujo, la pintura y, cuando se me ha brindado la oportunidad, la ilustración.
Es posible que las «Criaturas de isla» posean una energía más contenida que la mayoría de su producción como artista. Estas obras, más metafóricas o líricas, tampoco han perdido su condición de arma y a la vez escudo.
¿De dónde proviene la intensidad de las criaturas de isla? Una energía femenina parece rodear como un aura, a estas mujeres; tan diferentes entre sí y a la vez con tantas razones comunes para convivir y compartir un mismo espacio.La isla es el espacio real que las contiene e incluso las retiene. Como muchos otros símbolos de la pintura de Alicia de la Campa, este tiene un aspecto dual: por una parte alude a la soledad, al retraimiento y la separación en un territorio aislado y retirado en medio del océano y por otra representa también la aventura de la conquista y la seguridad de la tierra firme frente al embate de las olas.Sus mujeres conviven en una isla y son islas en sí mismas, ofreciendo esa ambivalencia de protección y destrucción que es el centro mismo de su discurso pictórico. Como muchas otras artistas, Alicia pinta lo que mejor conoce: a ella misma, y a partir de su cuerpo y su carne, de los sucesos que rodean su existencia, enjuicia todos los avatares de la vida.Es evidente la autorreferencia y más aún la insistente laceración de sí misma; como si a través de sus «llagas» fuera posible exorcizar todos los males que la rodean. Desde hace más de una década, la figura femenina fue convirtiéndose en el centro de su discurso, y sirvió para explicar las razones de este, pero sin desplazar una serie de personajes y símbolos que la han acompañado durante tanto tiempo.
Es posible que las «Criaturas de isla» posean una energía más contenida que la mayoría de su producción como artista y que la fuerza expresionista y grotesca se haya contenido con el tiempo; pero tampoco estas obras, más metafóricas o líricas han perdido su condición de arma y a la vez escudo. La belleza de las mujeres –conformada a partir de influencias que la artista no niega sino que re-orienta según sus intereses– es el medio, la carnada o para decirlo poéticamente, el canto de sirena que atrae la mirada sobre los lienzos, cargados de historias y valoraciones sobre la condición humana.Casi de contrabando va introduciendo pormenores de la vida que van más allá de la contemplación del cuerpo femenino desnudo, de las flores que generalmente se relacionan con la condición de mujer, de la sensualidad o la provocación de los rostros que miran directamente como una invitación o una propuesta. La vida, la muerte, las pérdidas definitivas o parciales, el abandono, la soledad, el paso del tiempo que incluye el envejecimiento del que no podemos escapar, la naturaleza inasible del éxito o el reconocimiento social, la inseguridad y lo efímero de la paz interna están contenidos en estas figuras, a veces explícitamente femeninas, otras ambiguas o andróginas.El agua está presente, directa o insinuada, en cada momento: en la caída de los pliegues de los velos, en la sinuosidad de los cuerpos, en los peces –figuras escurridizas, rápidas e inatrapables, posiblemente los guardianes del alma de la artista– o en ella misma, rodeando la isla y a sus criaturas.
El agua, germen y riesgo, infinitud y límite, construcción y destrucción, orden y desorden, pero en fin, materia purificadora y fecunda.La tríada mujer-agua-isla transita por todas las obras; cabalga sobre caballos de juguete, se traslada sobre peces más o menos humanos que se indefinen como especie de barca que las trasladará definitivamente, para convertir a la isla en objeto móvil, trasladable y por ello libre; se sienta a la mesa con todos los personajes de sus sueños, sube a la escalera en busca de protección e intenta con ello cambiar de nivel, acercarse a la cima.Dentro del muro protector, protegidas por diosas lunares, a salvo bajo el manto del pavorreal y acompañadas de un corazón extra que llevan en las manos como un amuleto, las criaturas pueden contener su rabia y mostrarla sonriendo e incluso con rostros boticellianos, tranquilos y evadidos de la ira y el dolor, en gestos y expresiones que hacen más inquietantes la exploración en el yo herido.Pero, y aún con del torso espinado, muy a pesar de las pérdidas e incluso superando la inseguridad del viaje; este exhibicionismo del dolor –en el presente contenido e indirecto– no es más que una provocación positiva, el recordatorio al acto de alimentar la raíz de la esperanza, el grito de guerra de tantas mujeres: ...mantente firme.
He ido descortezando tanto mi poesía que llegué a la semilla sin probarle la pulpa” Tal vez decidiera por afinidad o analogía creativa, en su proyecto de homenaje a la trascendente poetisa cubana en el año de su centenario. “Alicia es delicadamente agresiva, solo representa el hecho consumado después de la acción violenta o simplemente lo sugiere a modo de proyecto”, escribí hace justamente un año en las palabras a su exposición Abortando utopías. Y así como la Loynaz fue capaz de develar los impulsos más vigorosos a través de las más refinadas metáforas, Alicia transmite un mesurado vigor que no se desborda nunca en la más elemental rudeza. El equilibrio entre agresividad y delicadeza es, en definitiva, denominador común a la creación de artistas mujeres en su acepción más genérica y amplia al mismo tiempo.
Paralelamente, el hecho de una muestra vinculada a la expresión literaria de una escritora, no sirve a la artista sino para ampliar sus propias preguntas, su peculiar quehacer, es decir, Alicia de la Campa, no deja de hacer cuestionamientos múltiples, ya sea relacionados con lo existencial, con el discurso de reivindicación femenina (aunque no feminista). Todo ello, en fin, le sirve para establecer posibles analogías y desatar sus creaciones a partir de la obra de la Loynaz y de la suya propia, sin perder una organicidad con su propio quehacer. Al papel kraft retornan, una vez más, símbolos que conforman su poética: las escaleras, los torsos reabiertos y florecientes, las cabezas quietas y silentes. El ser tragado por el pez que a su vez está siendo halado por el hilo del pescador semeja la figura poética que empleó Virginia Woolf para describir a la imaginación de la mujer escritora (léase también productora de creación), quien deberá siempre desafiar algún superviviente prejuicio de género. Y no es, por cierto, una coincidencia fortuita o forzada. En los inicios de su proyecto de exposición, cuando ciertamente aún no la había definido, sugerí a Alicia, entre otras, esa cita que ilustraba la despiadada lucha que debe enfrentar la convención y el talento en las creadoras, que la Woolf describe como una mujer con su caña de pescar sostenida sobre el agua:
“Por Dios, exclama ella (la imaginación de la novelista), ¿cómo te atreves a sacarme con tu pequeña y miserable caña? Y yo "es decir, la razón", debo responder: ‘Mi querida, estabas yendo muy lejos. Los varones podrían shockearse’. ‘Cálmate’, dije, mientras ella se sentaba (...) jadeando con rabia y desilusión. ‘Solo tenemos que esperar unos cincuenta años” (…)
“Extraña conjugación y coincidencia de delicadeza y violencia se juntan, mezclan y combinan en estos perfectos poemas en prosa” definía respecto a la poesía de la Loynaz, César López (Prólogo a Poemas sin nombre). Ahora, en referencia a Juegos de Agua. Versos del agua y del amor, Alicia vuelve sobre sí misma y se define una vez más en ese viaje que es a la creación misma, un viaje a la semilla, tan violentamente dulce por sí mismo, que le es innecesario regodearse, un recorrido para el que también ella “ha ido descortezando su propia poesía”.
(...)Alicia permite el afloramiento de nuevas alternativas en las posiciones del yo, que se apartan de la narración personal, examinando las problemáticas del conjunto-mujer.(...)propone una expresión de la visualidad donde predominan los complejos usos del lenguaje y la metáfora. Echando mano del grotesco y a la vez de una sofisticada retórica , esta artista nos acerca a la cuestión de la construcción de los conceptos sobre el ser social y la nación , donde se funde la línea expresionista y la figurativa con la atmósfera de violencia , locura, sueños y pesadillas que aspira a mostrarse como el espejo de Perseo. En sus pinturas y dibujos el cuerpo femenino, desnudo o fragmentado permite atisbar en las grietas de las relaciones de poder y sus aspiraciones de una búsqueda a fondo que permita el despeje de ciertos paradigmas, el afloramiento de un sistema de complicadas operaciones en el plano de la visualidad, relativas en el tiempo, pero coexistentes con los fenómenos. Su obra actúa como una confidencia, tal vez como una confesión.
...así , las obras de Alicia nos remiten a preocupaciones supuestamente distantes que se refieren, por una parte , a la mujer, y cuestionan asuntos relacionados con su identidad, como pueden ser marginación, subalternidad, y la recepción contenida de violencia, pero en el sentido de una retórica en la que el centro es lo corpóreo; y en una forma decididamente defensiva de género aunque no se defina como feminista, también integra los íconos nacionales , el concepto de lo utópico y de la historia. Sus obras entretejen todos estos cuestionamientos en una sutil madeja, pero a diferencia de lo que pudiera inferirse, ella ha logrado que ese entrecruzamiento, en el que confluyen diversos temas, halle síntesis en una sola simbólica.
... trazos de buen arte a los que no le son ajenas unas bien medidas gotas de humor, algo sardónico y grotesco, más inquisitivo que contestatario, inquietante, que halla su contrapartida, su equilibrio en un velado lirismo.
Lo literario siempre estará presente y mucho más allá de lo mero colindante que pueden acusar las frases apuntadas en cada pieza. Quizás en ello influya su quehacer como ilustradora. Y de ese quehacer todo lo retoma (todo gira) Alicia para esta muestra. Porque confluyen aquí muchas de sus facetas, todas bajo el mismo término capaz de apropiarse de prácticas y estéticas que códigos anquilosados han constreñido a lo masculino. Todo se funde: violencia y locura, sueño y realidad chata en aras de una idea, que es lo humano, lo antropológico.
Sin temor a estar sola, abandonada por el espectador que busca lenguajes mas complacientes o por una mayoría que espera otro ofrecimiento menos cáustico del problema femenino, Alicia opta por practicar la depredación, robando la intimidad de su mente y de su cuerpo para ofrecerlos desgarrados y fragmentados, escindidos de la belleza y el dolor, entre el descubrimiento de la creación y los trabajos sucios que la cotidianidad nos impone.
El cuerpo femenino y su cerebro encerrados en la casa-cárcel que es el cuerpo se componen de dos zonas fundamentales, una conocida y disfrutada, laque se quiere ver y de la que se quiere hablar, la que enseña a cuidar siempre y aquella otra, la atormentada, la obsesiva que no se quiere dejar mostrar a la mujer como temiendo que también las mujeres se apropien de la condición terrible de la mutilación y la tortura, terrenos de gramática femenina pero posesión masculina.
Traspasar el umbral de un creador es siempre una aventura; traspasar el de Alicia de la Campa es asomarse a las inquietudes propias de una artista joven, que haciendo uso de acervo cultural de su país y del arte universal, se adentra en problemáticas humanas-que no gusta enmarcar bajo rótulos o contexto circunstanciales –donde la experimentación y el deseo de explorar siempre nuevos caminos parecen convertirse en constantes de su obra (...).
Paralelamente a otros temas, la artista incursiona en línea instaurada dentro del discurso erótico: el cuerpo humano (...) inmerso en situaciones, contextos y relaciones que parten de vivencias personales o del otro.
Dejemos que la propia Alicia nos hable:
“El discurso erótico es para mí un acto de libertad, un exorcismo a la represión a nivel personal y social. Busco la imagen fuerte, sin dejar de ser bella, que transmita esencias, que toque los más oscuros y los más luminosos recintos del ser, lo que escandaliza sobre un lienzo o un papel, pero no en la vida; por ello, trato de sublimar, al limite, la realidad terrible o divina del cuerpo.”
Todo lo anterior es lo que Alicia trata de plasmar en las series “La Tiranía del cuerpo”,con su carga de transgresiones; “Exvotos” (1998) y “Adoradas Mutilaciones” (1999), donde discursa sobre mutilaciones múltiples, ya físicas, ya psíquicas, que la artista quiere sacar de sí.
Pero el tema de lo erótico, que parecía mayormente privativo de la mirada del artista hombre, se ha abierto paso en al accionar de Alicia de la Campa desde serias reflexiones, atribuyéndole a lo erótico desde la mujer un horizonte de sensibilidad y sutileza profundas(...) considerando que el discurso erótico femenino es de una naturaleza más introspectiva, cuestionadora de esencias, que fluye-en la medida que convergen el sujeto y el objeto en un mismo ser-de manera íntima y coloquial, pero que para nada limita la fuerza expresiva, sino que al contrario, particulariza, revaloriza y concentra esa fuerza.
Nos aclara la artista:”La poética de lo erótico dentro de la plástica femenina nos es antagónica, superior o inferior en relación a la del hombre, simplemente es un lenguaje diferente en su actitud. Mi obra en este sentido, no es compensatoria, sino complementaria, intimista, una prolongación de vivencias y sentimientos…”
Alicia, que surge del quehacer artístico cuando una nueva etapa para el arte cubano ya había sido marcada por las experiencias de Volumen I , se inserta en un momento de extrema multiplicidad discursiva dentro de nuestro contexto plástico, donde nuevos mecanismos operan como estrategias promocionales de integración a un posible mercado del arte, y que a algunos hacen pensar lo difícil que a veces resulta discernir entre una actitud hacia el arte comprometida con él y una conciencia artística mediatizada por las urgencias de un espacio, a toda costa, en dicho mercado.
Pensamos que Alicia de la Campa, desde una sólida formación teórica, se abre paso por los caminos del arte, teniendo como premisa no solo la excelencia técnica, sino la honestidad de su propuesta y que, sin prisas pero firmemente, va dejando su impronta en este panorama diverso, inquietante y siempre renovador que es el arte cubano actual.
Alicia de la Campa Pak